Balcón de Infantes

 

La Cocinilla


Despedida Cocinilla

Queridos lectores, aprendices de pinches de cocina, “masterchefes” aficionados, seguidores de “la cocinilla”, los que sólo echaban un vistazo, aquellos que pasaban por aquí…  amigos todos, hoy toca “recoger la cocina”. Han sido algunos lustros  de compartir con vosotros, permitidme un último tuteo, curiosidades y recetas mensuales, siempre fieles a la cita y, parece ser, que la “casa” que albergaba todo esto, nuestro querido Balcón de Infantes, anuncia cierre para ¡ya!

Y, según parece, anuncia cierre porque, como a tantos y tantos españoles, esta “dichoseja” pandemia nos ha tocado de cerca y ha acelerado una decisión ya programada pero que por cariño a la “casa” íbamos aplazando en el tiempo y no se encontraba el cuándo.

El alquiler del edificio, luz, agua, teléfono,  impagos de los inquilinos…  han supuesto una carga tan pesada que “subir la persiana” un mes más no compensaba las comandas que había que preparar ni la competencia con la comida rápida.

Por otro lado, los ingredientes que conformaban nuestro menú, como consecuencia del dichoso virus, ha tiempo que dejaron de ser frescos, en muchas ocasiones había que recurrir a productos enlatados  y, claro, el producto final no era el deseado.

Eso sin dejar de pensar en el relevo generacional, la profesión de pinche, o directamente chef, no debía ser muy atractiva para los llamados al cambio, tal vez por falta de motivación o, en el peor de los casos, estos guisos no les interesaban. Además, los comensales en su mayoría eran de dietas blandas.

Vamos, que tocaba decidir un cierre respetuoso con proveedores y clientes, sin penas ni algarabías, serio y ordenado en el que debería quedar un cartel que rezara “cerrado por cambio de dirección, en breve abriremos de nuevo nuestras instalaciones”.

Mientras tanto, os propongo que preparéis  vuestras “cocinillas” particulares, cada uno en su casa, y Dios en la de todos, y, para ello, os voy a dar la primicia de que estoy ultimando la redacción de un libro que con el título de “La Cocinilla (tradición culinaria en El Campo de Montiel)” recoge gran parte de las recetas publicadas a lo largo de estos veintitantos años, con recetas de familiares, suscriptores, amigos y vecinos de toda la comarca natural, antigua y conocida por la que empezó a caminar don Quijote y su fiel escudero Sancho, y que os puede servir de guión para vuestros escarceos culinarios con las recetas tradicionales  de nuestras madres y abuelas, si es que no lo habéis hecho ya.

Pasan de 300 las veces que nos hemos asomado a Balcón de Infantes, con un número superior de recetas publicadas, más de 400, de las cuales 222 se incluyen en el libro, ofreciéndonos una aproximación bastante certera de lo que se ha estado comiendo por estos parajes durante un tiempo más o menos amplio hasta convertirse en tradición.

El libro abarca un contenido tan amplio y variado que incluye  ensaladas, caldillos, ajetes, sopas, la huerta, guisoteo, con puchero de barro, el pescado, la carne, cocina de caza, dulcerías, cochura, matanza, tradiciones y conservas, platos tan nuestros, que han moldeado nuestras papilas gustativas al dulce de unos rosquillos, la contundencia de un cocido manchego, la acidez de una matutina “ensalá” de limón, la delicadeza de una perdiz escabechada, el regusto de unas buenas gachas, la astringencia del tinto o los aromas florales del aceite de oliva virgen extra.

No es mi pretensión con este libro sentar cátedra sobre cómo se cocinaba en otros tiempos en El Campo de Montiel, se trata, como vosotros ya sabéis, de una recopilación de visiones particulares de algunos lectores de Balcón de Infantes sobre cómo elaboran ellos un plato concreto, basándose en aquello de que “como en casa de uno no se come en ningún sitio”. Este dicho, como casi todos los que beben de la sabiduría popular, tiene mucha razón al sentenciar que las ollas, cazuelas y sartenes de cada casa deben estar fundidas con ese metal especial que las hace únicas y, por tanto, todo lo que de ellas sale tiene un sabor único y genial. Y, es verdad, saben a casa, a rutina, a tradición, a recuerdos, sentimientos, aromas y sabores… a tantas y tantas cosas que han ido conformando nuestros sentidos que las hacen únicas e insuperables, ¡aunque luego no sea para tanto!

Estad atentos porque quisiera que a lo largo de esta primavera, y siempre que “el virus” y las circunstancias nos lo permiten, presentar el libro que espero consideréis lo mínimamente interesante como para comprarlo.

Gracias por todo y hasta siempre.

   elranchero@balcondeinfantes.com

 

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