Balcón de Infantes

 

COLABORACIONES

       

Pasanteando en América  

por Lola Romero  

Un año de pandemia

 

Escribo esto justo cuando se cumple un año del inicio del confinamiento. Recuerdo que el año pasado ya había enviado mis líneas al Balcón hablando sobre la Semana Santa cuando cerraron todo, así que lo que había escrito se quedó viejo mucho antes de pasar por la imprenta…

Recordaba una vez más las procesiones, los nazarenos, las torrijas y, en general, ese ambiente primaveral y festivo que llevo ocho años sin vivir. Y en esta ocasión, me vuelvo a acordar, ¡cómo no!, pero no me aventuro a decir mucho más porque me temo que este año, otra vez, no seré la única que se quede sin la Semana Santa de claveles rojos, “armaos” y pasos recorriendo las calles y nuestra Plaza Mayor.

Y, después de un año, supongo que tampoco soy la única que está harta ya de esta pandemia. De no poder ver a la familia con tranquilidad, del miedo a contagiar y contagiarte, del seguimiento exhaustivo de las subidas y las bajadas en los ingresos hospitalarios y, en general, de que nadie sepa nada. De que nadie siga sin saber nada.

Se ha avanzado algo, se sabe que hay medicamentos que funcionan y se han creado las vacunas, pero no me quito de encima la sensación de que hay muchísimo más que no se sabe sobre el virus que certezas científicas sobre él. Y en medio de todo esto, va el Gobernador de Texas y desde el 10 de marzo, ha levantado el mandato de llevar mascarillas y permite abrir todos los establecimientos al 100% de su capacidad. Así que, si de por sí los texanos no eran muy amigos de las medidas de protección, ahora ya, como diríamos en España… ¡barra libre!

Además, este levantamiento de las medidas llega justo unos días antes de que se celebre aquí el “Spring Break”, las vacaciones de primavera, por lo que casi nadie se explica a qué viene tanta relajación. Y más cuando los casos, aunque bajando, están lejos de los objetivos de mínimos.

Así que un año después sigue sin haber unanimidad, ni política ni científica, sobre el dichoso virus. Y casi da igual la parte del planeta en la que vivas. Lo único que está claro es que todos estamos cansados, que queremos recuperar nuestras vidas de antes, volver a disfrutar sin mascarillas ni miedos…

¡Ánimo, paisanos! Y felices días de Pascua, aunque sea, otra vez, en casa.

P.D. Yo, por si acaso, seguiré llevando mi mascarilla en espacios públicos y manteniendo la distancia social. Estoy cansada de la pandemia, pero eso no quiere decir que me vaya a relajar…

 

 

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